Más que un taller de tejido, la iniciativa impulsada por el programa “Cuidando a Quienes Cuidan” se transformó en un espacio de autocuidado, contención emocional y encuentro comunitario para vecinas y cuidadoras de La Granja.
El programa "Cuidando a Quienes Cuidan" concluyó su ciclo de capacitación en La Granja, reuniendo a un diverso grupo de vecinas y cuidadoras para promover el autocuidado, el aprendizaje de un oficio y la contención comunitaria.
Con una emotiva jornada de cierre y exhibición de trabajos finalizó el taller presencial de amigurumi en el Centro Cultural San Gregorio, comuna de La Granja. La iniciativa, impulsada por el Gobierno de Santiago, financiada por el Consejo Regional (CORE) y ejecutada por la consultora Andes Innova a través del programa “Cuidando a Quienes Cuidan”, congregó a una comunidad intergeneracional de mujeres de la comuna —desde adultas jóvenes hasta personas mayores—, abriendo también un espacio prioritario para quienes ejercen el rol de cuidadoras.
A lo largo de las 7 sesiones, el taller cumplió el doble propósito de entregar herramientas prácticas en textilería y transformarse en un refugio de salud mental y vinculación social. En estas instancias, las participantes —que incluyeron a mujeres de entre 30 y 60 años, personas mayores y dos cuidadoras de personas con dependencia— lograron desconectarse de las exigentes rutinas del hogar y del cuidado de sus familias.
Para quienes viven la realidad del cuidado continuo, este espacio resignificó la soledad con la que muchas veces se ejerce esta labor. Una de las alumnas cuidadoras del taller relató lo complejo que es convivir con la rutina y cómo la actividad le cambió la perspectiva:
"La rutina de levantarte para ser cuidadora, acostarte y dormir siendo cuidadora no te deja descansar. Al principio sentía miedo y la culpa típica de dejar a mi hijo solo por venir tantas horas. Pero este espacio me permitió relajarme y darme cuenta del mal humor y el encierro que traía. Esperaba con ansias los días de taller para venir a desconectarme, reírme con las chiquillas y aprender el autocuidado; entender que otras personas también pueden hacer mi rol un ratito y que yo tengo derecho a quererme y tener mi propio espacio", destacó Angelica Artigas Leiva, una de las participantes beneficiarias.
El éxito del taller también radicó en la metodología de apoyo mutuo y en la guía técnica adaptada para personas sin conocimientos previos en el tejido a crochet. Al respecto, la instructora del curso, Marcela Díaz, relevó el avance del grupo y el profundo valor emocional que cobraron las clases:
"El taller les ayuda enormemente a la concentración, a la paciencia y las relaja mucho para salir de esa rutina que a veces termina enfermando a la gente. Al principio tuvimos alumnas que llegaban con muchas penitas o frustradas porque nunca habían tomado un crochet, pero con paciencia y confianza mutua se dieron cuenta de que sí podían. Más allá del amigurumi, compartimos vivencias, se generó una convivencia hermosa y un lazo muy lindo de compañerismo. Para mí, la mayor satisfacción es poder transmitir lo que sé y ver cómo estos espacios les permiten a ellas ver su propio lado positivo", explicó la profesora.
La actividad de finalización contempló una muestra de las coloridas figuras tejidas por las participantes —que incluyeron desde osos tradicionales hasta personajes de animación—, además de la entrega de los respectivos certificados de participación. Con el cierre de este ciclo en La Granja, el programa "Cuidando a Quienes Cuidan" reafirma su compromiso de seguir desplegando redes de apoyo concretas en la Región Metropolitana, demostrando que tejer comunidad es una herramienta poderosa para aliviar la carga y mejorar la calidad de vida de las vecinas.