El programa "Cuidando a Quienes Cuidan" concluyó con éxito su ciclo de capacitación en amigurumi, fortaleciendo el emprendimiento local y promoviendo el autocuidado a través de la creación de vínculos comunitarios en la comuna.
Con una emotiva jornada de cierre, finalizó el taller de amigurumi del programa “Cuidando a Quienes Cuidan”, iniciativa del Gobierno de Santiago y ejecutada por la consultora Andes Innova, en colaboración con la Municipalidad de Lo Prado.
El taller tuvo por objetivo brindar herramientas prácticas en oficios y emprendimiento, y contó con la entusiasta participación de 27 personas cuidadoras, donde además se creó una instancia para el autocuidado, el aprendizaje y la vinculación social.
"Estamos muy contentos de que hoy estén terminando este taller, que no solo les deja un lindo oficio, sino que también les deja vínculos, nuevas redes de apoyo, espacios de contención y cuidado. Sabemos que las personas cuidadoras no tienen tiempo, por lo que sabemos lo difícil que ha sido darse este tiempo para participar en el taller. El progama Cuidando a quienes Cuidan seguirá brindando capacitaciones en diversas áreas en conjunto con las contrapartes municipales, para avanzar en mejorar la vida y aportar en aliviar la carga que implicar cuidar a otro", señaló Viviana Reyes, coordinadora del programa Cuidando a Quienes Cuidan.
Durante 7 sesiones, quienes participaron no solo aprendieron la técnica del amigurumi, sino que también encontraron un lugar para desconectarse de sus rutinas, compartir experiencias y reconocerse en otras personas que viven realidades similares. En contextos donde muchas veces el cuidado se ejerce en soledad, este tipo de iniciativas permite generar empatía, apoyo mutuo y comunidad.
“Vine para distraerme y aprender algo nuevo”, relatan participantes, varias de ellas y ellos enfrentando procesos personales complejos asociados al cuidado de un ser querido. Para muchas personas, era su primera vez tejiendo. Aun así, destacan que, pese a no tener conocimientos previos, lograron avanzar y completar sus propias creaciones.
El proceso no estuvo exento de desafíos, pero el acompañamiento entre el grupo fue clave: “Entre todas y todos nos ayudamos, compartimos lo que sabíamos y nos fuimos apoyando”. Este intercambio fortaleció no solo el aprendizaje, sino también la generación de vínculos, amistades y un sentido de comunidad.
Más allá de la técnica, las personas beneficiarias coinciden en que lo más valioso fue el espacio humano que se construyó. “Compartimos nuestras experiencias, nuestras tristezas, pero también nos acompañamos”, señalan. El taller se transformó en una instancia para salir de la rutina, compartir vivencias y sentirse escuchados.
La actividad de finalización contempló la entrega de diplomas a cada participante y una muestra de las creaciones realizadas, valoradas como un reflejo del esfuerzo, la dedicación y el proceso vivido. “No tienen precio”, destacaron, reconociendo en cada pieza un logro personal.
El entusiasmo por continuar participando en este tipo de espacios fue transversal, reforzando la importancia de seguir generando instancias que permitan a quienes cuidan también cuidarse.